Hace unas semanas, estaba en un crucero por el mar de Oman disfrutando del mar y de la tranquilidad cuando tuve que ir al camarote a buscar una gorra para proteger mi brillante calva del implacable sol de estas latitudes.
Al subir en el ascensor entra conmigo una familia india (o de apariencia hindú) con cuatro niños a cual más escandaloso. Me introduzco en el compartimento con esta algarabía que hablaba (o gritaba) inglés con un acento muy curioso que me costaba entender. El niño más pequeño, y también más “polvorilla” no dejaba de decirle al padre, que le escuchaba con resignación, “¡¡Papi, Papi, vamos a subir otra vez en la nave!!”. Le noté tan entusiasmado que no pude retenerme de preguntarle a que nave se refería. A mí también me encanta subirme en “naves”.
Se volvió hacia mí con esos maravillosos ojos que tienen los niños hindús, super sorprendido que no estuviese al tanto de la nave. Se puso a explicarme detalladamente con toda pasión cómo era la nave. Entre su acento, su entusiasmo y mi comprensión del inglés alcancé a entender: “es brillante, de cristal, con un mando con muchos botones y números, y por las ventanas se ve el cielo y el mar, y habla un robot dando instrucciones….”
El padre lo interrumpió para explicarme que la famosa nave era en realidad el ascensor panorámico que recorre todos las plantas del barco y que tiene vista al mar. Sigue el padre contándome que el niño se les ha escapado 3 veces y lo han recuperado en el ascensor recorriendo el barco planta arriba y planta abajo…. Es lo que más le ha gustado del barco y de todo el viaje.
¡¡¡Increíble, un barco con pista de hielo para niños, sala de juegos electrónicos y parque de actividades con juegos que harían palidecer DisneyLand, y lo que más le ha gustado al niño ha sido, subir y bajar en el ascensor!!!!
Lo que más me impactó de ese niño fue el brillo de sus ojos cuando hablaba de su nave, la pasión que le movía y su alegría por transmitirme lo que le encantaba. En apenas unos segundos me demostró lo fácil que es ser feliz y que la felicidad a veces consiste en vivir cada minuto con entusiasmo, amor y agradecimiento.
Cuantas veces la buscamos lejos cuando la tenemos tan cerca a veces.
Hoy recordaba este niño de unos cinco años y me preguntaba si yo, tendría esa mirada, pasión y esa alegría cuando contase a los demás las cosas que esta mañana me han hecho feliz.
Como todas las mañanas (o casi) he bajado a hacer un poco de ejercicio al jardín y debía estar particularmente sensible pues he percibido todo con mucho más detalle que habitualmente. He disfrutado de como el amanecer ha ido aportando colores al jardín, el olor a hierba mojada y de los lilas que comienzan a florecer, la brisa matinal que me tonifica y el canto de los mirlos. Disfruté haciendo mi secuencia de tai-chi y me sentí ponerme las pilas.
Después de una estupenda ducha, un buen desayuno con unas tostadas de pan natural con aceite de oliva, pimienta, sal y cúrcuma, acompañado de una buena taza de leche de soja y arroz. Todo esto en la estupenda compañía de mi pareja Pilar. ¿Oye hace falta algo más para ser feliz?
Supongo que en ese momento debería de parecerme a ese niño del ascensor que encuentra su felicidad en subir y bajar en su ascensor como nave espacial, u otros que juegan simplemente con una rama de arbol como un sistema de exterminio de marcianos…
¿Podríamos aprender de los niños a ser felices, a aprovechar las oportunidades de la vida?
Seguramente podamos, eso y mucho más. Los niños nos dan un ejemplo permanente de alegría y pasión tan necesaria para sobreponerse a los tropezones diarios. Ellos saben apreciar y disfrutar el momento, tienen creatividad para descubrir y crear su propia motivación, y sobre todo se reponen enseguida ante los tropezones diarios.
¿Cuando convertiste aquel problema insalvable en la oportunidad de reír y disfrutar? ¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste como un niño de las cosas sencillas de la vida?
Ellos no se rinden ante nada y “casi siempre” encuentran las oportunidades mas sorprendentes.

Hilario,
Preciosa manera de explicarnos lo que muchas veces nos decimos y pocas aplicamos.
Cierto es que solemos comentar, sobre todo a terceros, que deben valorar más lo que tienen cerca, lo que disfrutan cada día, pero ¿nos lo aplicamos nosotros mismos?
Puede parecer mentira, pero desde que hace unos meses, antes de ir a dormir, cierro los ojos y agradezco y siento felicidad por todo lo que tengo, he dejado de sentir angustia por lo que no tengo o por lo que me imagino que puede pasarme y no deseo.
Tus palabras me corroboran que la actitud que estoy siguiendo tiene que ayudarme a ser la persona que realmente quiero ser: la que goza con el presente!! teniendo muy claro que es realmente lo único que existe.
Gracias por tus palabras
¿Te Alegras De Las Cosas Pequeñas De La Vida?… con el solo título uno se pone a pensar, si de verdad estoy viviendo la vida plenamente, si disfruto cada detalle que Dios y la vida me dan… Considero que aun en medio de problemas o luchas, tenemos muchos muchos motivos por los cuales agradecer, son mas las cosas bellas que nos rodean que las cosas malas! gracias por tu articulo y buena actitud, Hay que ponerse las pilas YA!!!!