¡Yo, Yo y más Yo!

Imagínate que estás tranquilamente esperando tu turno en el mercado y estas pensando en tus actividades diarias cuando los gritos de una mamá intentando controlar su pequeña rebelde te sacan de tu tranquilidad: “¡NO TOQUES ESO!”, “¡SE LO VOY A DECIR A TU PADRE!”, “¡SE HA ACABADO, TE QUEDAS SIN KINDER!”.

Al día siguiente vas de viaje y estas en la fila de embarque para el vuelo hacia Barcelona, delante tuyo una elegante ejecutiva inicia una airada conversación con su asistenta doméstica dándole ordenes como si quisiese evitarse el teléfono y que la oyese directamente: “¡NO NO, LA LLAVE ESTA EN EL JARRÓN..!”, “¡YA TE HE DICHO QUE NO QUIERO QUE HAGAS ESO, NO ME IMPORTA LO QUE TE VENGA MEJOR!”.

Luego quedas a comer con un compañero con el que tienes que hablar. A los minutos de encontrarte con él, suena el teléfono, lo coge y 5 minutos esperando a que termine de informar a su colaborador sobre las visitas que tiene que hacer. Vuelve, y al instante lo ves que coge el teléfono de nuevo y mientras hablas con él comienza a twitear el restaurante donde estais y a responder los mails que le entran por GMAIL.

En el mercado de fruta, una encantadora señora de avanzada edad, se hace la despistada para colarse en la cola y no usar el sistema de números establecido, y cuando se lo haces observar amablemente recibes una mirada que te atraviesa de arriba abajo y te hace sentir en un sistema de rayos X o bajo la visión especial de Superman.

Si no te ha ocurrido nunca esto, pues a mí sí y todos la semana pasada. Parece que las personas ya no sabemos comportarnos en público. Creemos estar solos, que todo son derechos y que no tenemos ninguna responsabilidad. Y no hablo aquí de personas sin educación, hablo de personas con altos niveles educativos, imagen del éxito social, o referencia de respeto.

¿Dónde quedó el respeto por los demás?

Muchos se quejan de que los jóvenes actuales no tienen respecto. ¿De quién creen ustedes que han aprendido el respeto?… ¡De sus Padres!

De todos modos quizás lo importante sea siempre recordar que si deseamos ser respetados por los demás comencemos siendo nosotros mismos respetuosos.

Y por lo tanto cuidemos nuestros modales y pensemos que las personas alrededor no necesitan estar al tanto de nuestras gestiones telefónicas.

Atendamos las personas que están con nosotros y muestreémosles nuestro interés.

Si estamos en el cine, en clase o en el teatro, desconectemos el móvil o al menos salgamos para atender la llamada.

Cuidemos de nuestros hijos y demos un ejemplo adecuado. No les digamos lo que tienen que hacer, actuemos como debe.

Recordemos que una sonrisa, cortesía y respeto son siempre bienvenidos en atascos, colas de supermercados, o en un atestado restaurante.

¿Puedes imaginarte una sociedad donde todo el mundo fuese respetuoso y considerado hacia los demás?

Recuerda que todo lo que lanzas retorna de un modo u otro, y si lanzas respeto recibirás respeto y si no te pones las pilas, puede que algún día ….

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